Forra la base de un molde desmontable de 20 cm con papel de horno. Tritura las galletas hasta obtener una migaja fina, mézclalas con la mantequilla derretida y presiona la mezcla de manera uniforme en el fondo del molde. Refrigera durante 15 minutos, hasta que la base esté compacta.
Pon en una cazuela el queso crema, la nata y el azúcar. Calienta a fuego bajo, removiendo con varillas, hasta obtener una mezcla lisa y caliente, sin que llegue a hervir.
Retira la cazuela del fuego y añade las 6 láminas de gelatina hidratadas y escurridas. Remueve hasta que se disuelvan por completo y no queden hilos ni grumos.
Deja reposar la mezcla unos 10 minutos para que baje el calor más intenso y viértela sobre la base de galletas. Refrigera durante al menos 2 horas, hasta que la superficie esté firme al tacto y pueda sostener la cobertura.
Calienta la mermelada en una cazuela pequeña a fuego bajo hasta que esté fluida, sin dejar que hierva. Retira del fuego, añade las 2 láminas de gelatina hidratadas y escurridas, y mezcla hasta integrarlas.
Deja que la cobertura se temple unos minutos y distribúyela sobre la capa de queso ya cuajada. Inclina el molde con suavidad para nivelarla y refrigera durante al menos 4 horas, preferiblemente toda la noche.
Pasa un cuchillo fino ligeramente tibio por el borde de la tarta, abre el molde y trasládala al plato. Sirve fría, con un cuchillo limpio para conseguir porciones definidas.