Tritura las galletas hasta obtener una arena fina. Mézclalas con la mantequilla derretida y la leche hasta formar una pasta húmeda que se compacte al presionarla.
Cubre la base de un molde desmontable de 20 cm con papel de horno. Extiende la mezcla de galleta, presiónala con el fondo de un vaso y forma una capa uniforme. Marca suavemente la superficie con un tenedor y refrigera mientras preparas la primera crema.
Vierte 250 ml de leche en un cazo y añade el chocolate negro troceado, la cuajada y el azúcar. Calienta a fuego medio, removiendo constantemente, hasta que hierva. Cocina dos minutos más sin dejar de remover, hasta que la mezcla espese ligeramente y cubra la cuchara.
Saca el molde de la nevera y vierte la crema de chocolate negro sobre la base. Hazlo sobre el dorso de una cuchara para que la mezcla caiga suavemente. Refrigera durante unos 10 minutos, hasta que la superficie esté cuajada.
Calienta en el mismo cazo 250 ml de leche con el chocolate con leche y un sobre de cuajada. Remueve desde el inicio y, cuando hierva, cocina dos minutos más a fuego medio-bajo, hasta que espese sin pegarse.
Vierte la mezcla de chocolate con leche sobre una cuchara colocada cerca de la superficie de la capa anterior. Reparte con suavidad y vuelve a refrigerar durante unos 10 minutos.
Calienta los 250 ml de leche restantes con el chocolate blanco y el último sobre de cuajada. Remueve constantemente y cocina dos minutos después del hervor, hasta que la crema quede lisa y ligeramente espesa.
Vierte la crema de chocolate blanco sobre el dorso de una cuchara para cubrir la segunda capa sin perforarla. Refrigera la tarta durante al menos 12 horas, preferiblemente toda la noche, antes de desmoldar y servir.