Cuece los macarrones en abundante agua hirviendo con sal hasta que estén al dente, aproximadamente un minuto menos que el tiempo indicado en el paquete. Escúrrelos bien y resérvalos sin enjuagarlos.
Calienta 15 ml de aceite en una sartén a fuego medio. Sofríe la cebolla durante 3 minutos, hasta que pierda el olor crudo y se vea translúcida. Agrega el tomate y el pimentón, cocina 5 minutos más y retira cuando el tomate esté blando, pero no completamente deshecho.
Disuelve la maicena en la leche fría. Vierte la mezcla en una olla, añade la sal y la pimienta y cocina a fuego medio, revolviendo constantemente, hasta que cubra ligeramente la cuchara y no tenga grumos, entre 4 y 6 minutos.
Retira la olla del fuego y deja reposar la salsa 2 minutos. Incorpora los huevos batidos poco a poco mientras remueves, luego añade el sofrito, los macarrones y 90 g de queso. Mezcla hasta que toda la pasta quede cubierta, sin aplastarla.
Precalienta el horno a 200 °C con calor arriba y abajo. Engrasa un molde redondo de 24 cm con el aceite restante y vierte la mezcla. Presiona suavemente con una espátula para eliminar bolsas de aire y nivela la superficie.
Cubre la superficie con los 30 g de queso reservados y hornea durante 25 a 30 minutos, hasta que el centro esté firme al mover el molde y los bordes estén dorados. Si necesita más color, activa el grill durante 2 o 3 minutos, vigilando para que el queso no se queme.
Retira la torta del horno y déjala reposar 10 minutos. Afloja los bordes con un cuchillo, corta en porciones y sirve caliente para que mantenga su forma y conserve el queso fundido.