Precalienta el horno a 180 °C, engrasa una refractaria de aproximadamente 24 x 24 cm y cocina los macarrones hasta que queden al dente. Escúrrelos bien y resérvalos.
Calienta 10 ml de aceite en una olla a fuego medio. Añade una cebolla, un diente de ajo, los tomates, la albahaca, la mitad de la sal y la pimienta. Cocina hasta que la cebolla pierda su olor crudo y el tomate se ablande, unos 8 minutos.
Agrega el tomillo y 120 ml de agua, tapa parcialmente y cocina a fuego medio durante 20 minutos. Retira el tomillo, tritura la salsa hasta que quede lisa y cocínala 5 minutos más, hasta que cubra ligeramente la cuchara. Apaga el fuego, incorpora la crema y mezcla.
Mientras se cocina la salsa, calienta el aceite restante en otra olla o sartén profunda. Sazona el pollo con parte de la sal y la pimienta, dóralo por ambos lados y añade la cebolla restante, el ajo y los 380 ml de agua. Tapa y cocina a fuego medio durante 18 a 20 minutos, hasta que el pollo esté completamente cocido y se pueda separar con un tenedor.
Retira el pollo, déjalo reposar 5 minutos y desméchalo. Incorpóralo a la salsa de tomate cremosa y prueba el punto de sal. La mezcla debe quedar húmeda, pero no líquida.
Distribuye los macarrones en la refractaria engrasada y vierte encima la salsa con pollo, procurando que llegue a todos los rincones. Espolvorea el parmesano de manera uniforme.
Hornea durante 15 minutos a 180 °C, hasta que la salsa burbujee en los bordes. Si el queso necesita más color, sube a 200 °C durante 3 a 5 minutos, vigilando que no se queme.
Retira la refractaria y deja reposar la torta 10 minutos. Corta las porciones con una espátula y sírvelas calientes, con albahaca o cebollín picado si lo deseas.